El desarrollo renal en niños abarca desde la formación fetal hasta la maduración funcional en la infancia, donde los riñones crecen en correlación con la talla, curva de crecimiento y edad del niño. A veces los riñones no se desarrollan correctamente antes de que nazca un bebé, lo que altera su función. Muchos de los problemas se pueden detectar antes del nacimiento a través de pruebas prenatales ordinarias y ecografía.
Los recién nacidos tienen una función renal limitada que madura en los primeros meses, siendo crucial el seguimiento de anomalías congénitas (hidronefrosis, quistes obstrucciones) que pueden causar enfermedad renal crónica. Un bebé puede nacer sin un riñón, con riñones pequeños o con malformaciones. Los riñones desempeñan un papel vital en la filtración de desechos a través de la orina, mantienen el equilibrio hídrico y el crecimiento y desarrollo general. Ayudan a la regulación hormonal, a controlar la tensión arterial, la producción de glóbulos rojos y la concentración de ácidos, sales y minerales (como el calcio) en el cuerpo.
La salud renal suele pasarse por alto en los niños, ya que los padres suponen que los problemas renales ocurren solo en adultos. Se pueden desarrollar silenciosamente y progresar sin síntomas evidentes hasta agravarse. En los niños, la enfermedad renal puede afectar su salud, su crecimiento, aprendizaje y actividades diarias. Esto puede ocurrir: si la sangre no llega a los riñones como debería, por daño al tejido renal y por obstrucción del flujo de orina procedente de los riñones lo que provoca daño renal.
Con una intervención temprana, se puede prever complicaciones a largo plazo.
Aunque es poco frecuente en niños, la presión arterial alta puede ser un fuerte indicador de enfermedad renal. Se debe realizar un seguimiento regular, prestar atención si presenta infecciones urinarias recurrentes, dificultad para orinar, antecedentes de prematurez, retraso del crecimiento intrauterino, historia familiar de enfermedad renal o hipertensión arterial, diagnostico de diabetes tipo 1 o 2 u orina con sangre.
Los cuidados renales en pediatría se centran en: la prevención, detección temprana y manejo de factores de riesgo para evitar la enfermedad renal crónica. Las medidas clave incluyen: mantener una hidratación adecuada (agua), y no bebidas azucaradas, dieta baja en sal y azúcares, no productos ultra procesados para prevenir la hipertensión y el daño renal, ejercicio regular (al menos una hora 4 - 5 veces por semana), control de peso, evitar tabaquismo, vapes o pods y el uso excesivo de medicamentos como ibuprofeno, Dipirona, diclofenac; monitorear el consumo de proteína, sodio, potasio y líquidos, limitar el fósforo. Enseñar a los niños a orinar con frecuencia (cada 3-4 horas) para evitar infecciones urinarias.
Ante la sospecha, se debe derivar al nefrólogo pediatra para evaluaciones de función renal.
Artículo escrito por:
Dra. Ines del Rosario Ortiz Alemán. SVPP Filial Trujillo.
