Fuimos
informados por el Dr. Hernán Méndez Castellano, quien desempeñaba el
cargo de Interno del Hospital Psiquiátrico de Caracas, bajo la
dirección del Dr. Pedro González Rincones, que entre los pacientes que
le tocó atender se encontraba el magnífico escultor venezolano,
Alejandro Colina. Como parte de la terapia indicada se le acondiciono
una habitación para ser utilizada como estudio, ejecutando allí dos
obras en arcilla: “El Tiempo en Función Activa” y “La Negra Matea”,
obras cuyo destino final se desconoce. El dibujo de esta última fue
realizado por él mismo.
El
Dr. Méndez Castellano nos regaló una foto para los archivos de la
Sociedad en donde aparece él junto a la escultura de la “Negra Matea”,
el escultor Colina, el médico y otro miembro del personal del Hospital
Psiquiátrico. El dibujo mencionado pasó a manos del Dr. Pedro González
Rincones, quien lo obsequió al Dr. Pastor Oropeza y éste a su vez lo
donó a la recién nacida Sociedad, la cual lo adopto como emblema desde
entonces hasta el presente.
No
es nuestra intención polemizar, pero para nosotros el emblema simboliza
a la “Negra Hipólita”, confundida como la “Negra Matea”, por el
escultor y dibujante Colina. Regresemos a la Historia y citemos del
libro “El Libertador” (5ta. Edición), de Augusto Mijares, así como
de “Homenaje al Sesquicentenario del Congreso de Angostura”
(Ministerio de Obras Publicas, Caracas 1969), parte de la carta que
Bolívar escribe desde el Perú, para María Antonieta, su hermana: “Te
mando una carta de mi madre Hipólita para que le des todo lo que ella
quiere, para que hagas por ella como si fuera tu madre, su leche ha
alimentado mi vida y no he conocido otro padre que ella”.
En
otro párrafo continúa el texto: “Según una leyenda muy difundida, otra
negra llamada Matea fue también nodriza del Libertador, pero en
contraste con la copiosa documentación acerca de Hipólita, de Matea no
aparece rastro alguno en la correspondencia de Bolívar”. Por otra
parte, Matea vivía aún cuando se celebró el Centenario del nacimiento
del Libertador (1883) y el general Guzmán Blanco la llevó del brazo al
Panteón Nacional en aquella ocasión. Si Matea hubiera sido
efectivamente nodriza de Bolívar hubiera tenido en 1883 no menos de 115
años, y todavía vivió algunos mas”
En el libro “Bolívar,” de Indalecio L. Aguirre, se lee:
"Desde el momento de su nacimiento, el niño fue entregado, como lo sería durante su infancia, al cuidado de
manos extrañas: Doña Inés Manceba de Miyares primero, y finalmente a la
esclava-negra Hipólita, fiel y abnegada servidora de la familia". La
razón que justificaba el alejamiento de Doña Concepción de su hijo- la
presentación de los primeros síntomas de la grave enfermedad del pecho
que años después la llevaría a la tumba- no podía, sin embargo, ser
entendida por quien habría de sufrir sus consecuencias: el pequeño
Simón.
Refiriéndose a Doña Concepción, el autor relata: “Posiblemente el peligro del
contagio y el deseo de disciplinar el carácter voluntarioso de
Simoncito, la condujeron entonces a entregarlo la custodia de Don
Miguel J. Sanz, curador ad –ítem del niño”. Por eso el traslado del
niño de la amplia y alegre mansión de la Plaza de San Jacinto, en cuyos
patios jugaba con sus hermanos y la “Negrita Matea”. Por lo citado y
por simbolizar el dibujo y emblema la alimentación al pecho, somos de
la opinión de que la figura corresponde a la Negra Hipólita y no a la
Negra Matea, pues aparentemente, ésta no fue sino una compañera de
juegos y aya del gran genio de América, el Libertador Simón Bolívar.
En
el año 2002 se refresca el emblema, agregándole dos lunas que son el
símil de la unión que caracteriza a los Pediatras y su compromiso con
la institución que los agrupa.